¿Sabías que una persona puede tomar hasta 2.500 decisiones en un día? Elegir la ropa, que desayunar, qué ruta escoger para ir a trabar, la emisora de radio que pones, lo que vas a comer, qué vas a comprar en el supermercado, a qué hora te vas a ir a dormir… Nos pasamos el día tomando microdecisiones de un modo casi automático. Hoy no queremos hablar de esas decisiones, sino de aquellas que se toman en el ámbito laboral y, por su peso e importancia, son decisivas y pueden llegar incluso a angustiarnos.

La oficina es un entorno en el que debemos decidir sobre múltiples cuestiones que, en numerosas ocasiones, no sólo te afecten a ti sino al resto de la empresa o a tus clientes.

Por eso, porque tener que tomar decisiones en relación con el trabajo ni es fácil ni es agradable, pero sí es necesario, queremos darte unos consejos para que aprendas a elegir de la mejor manera posible.

Ten claro tu propósito.

Una decisión, un único propósito. Por eso lo primero que debes hacer para hacer para tomar la decisión más acertada es reflexionar e identificar el verdadero propósito para valorar cuál de todas las opciones a elegir es la que más te conviene.

Analiza las diversas opciones.

Y si es preciso, escribelas. Hazte un mapa mental en el que incluyas diferentes puntos de vista desde los que abordar la cuestión sobre la que debes decidir. En este paso puede resultar muy interesante escuchar el consejo o las reflexiones que alguien de confianza y ajeno al problema pueda darte. Pero te aconsejamos no comenzar a pedir consejo a todo el mundo, piensa en ESA persona en la que confías y acude a ella. La finalidad es analizar todas las posibles decisiones y todos los pros y contras posibles de cada una de ellas.

De todas ellas ¿cuál es la que está más cerca del sí?

Se realista, no buscamos la opción perfecta, sino la más buena o adecuada para tu satisfacción personal o profesional.

Por eso debes saber que es un sí para ti, teniendo en cuenta que todo lo que no sea un sí “sin peros” debes dejarlo de lado porque es un no. Por es tan importante tener claro el objetivo (volvemos al paso 1) y no perderse en soluciones sujetas a opciones inexistentes.

A veces, cuando no tienes claro lo que es un si puedes ayudarte pensando cuál se esas opciones te llevan a lo que “no quieres”, esas serán las que debas descartar.

Decide por ti mismo.

Ahora que ya sabes que, aunque no tengas claro el sí rotundo, sabes lo que está más cerca del sí, toma la decisión firmemente y llévala a cabo, si no es necesario, no se la cuentes a nadie, en ocasiones hasta que la decisión da sus frutos se abre una ventana de incertidumbre durante la cual, si no estás muy seguro, puedes flaquear y echarte atrás.

 

Recuerda que tomar decisiones también es algo que se entrena, a lo largo de tu vida profesional irás ganando en experiencia en la toma de decisiones y por tanto en confianza para el proceso de ejecución.

Sin embargo, si nos permites un último consejo, nos gustaría decirte que por mucho que entrenes este músculo nunca deberías tomar decisiones complejas sin pasar por este proceso, que con el tiempo tendrás más o menos automatizado, pero sobre el cual, de algún modo, acabarás pasando siempre.

Recuerda que la última palabra la tienes tú y, por tanto, asumirás cualquier error o contratiempo y sus consecuencias. Por eso no debes dejar que nadie decida por ti.

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