No tenemos que remontarnos demasiados años atrás para recordar los tiempos en que el dinero era el más importante, si no el único aspecto a tener en cuenta a la hora de coger y permanecer en un trabajo. Una realidad que ha ido cambiando con los años y especialmente con la llegada de los millennials y la necesidad de las empresas de retener un talento, que comienza a valorar más la conciliación o la calidad de vida laboral y personal que el sueldo en sí. Nace así el denominado salario emocional. Todas aquellas retribuciones (sin carácter económico), dirigidas a mejorar el bienestar de los empleados dentro y fuera del lugar de trabajo. El salario emocional se ha convertido en una de las mejores herramientas con las que cuentan las organizaciones, para aumentar el compromiso, la motivación y la productividad de sus trabajadores. Ventajas para la empresa que son consecuencia de las bondades que este “otro sueldo” supone para los que en ellas trabajan:

  • Reducción del estrés. Un trabajador que siente que su empresa entiende y se ocupa de sus necesidades personales y familiares se siente reconocido, más motivado y mucho menos nervioso y preocupado por su presente y futuro, lo que redunda en un mayor bienestar psicológico.
  • Conciliar trabajo y familia. La flexibilidad laboral, el teletrabajo o las guarderías de empresa son una gran ayuda para los padres que, descargados de ciertas responsabilidades u obligaciones familiares, organizan mejor su tiempo y son mucho más productivos.
  • Formación constante. Una de las formas de este salario emocional son los cursos de desarrollo de capacidades, idiomas o programas de coaching, que ofrecen a los trabajadores oportunidades crecientes de autodesarrollo, mejora y promoción.

Lo que podrían parecer prebendas o ventajas, solo para los empleados, se traduce también en grandes beneficios para las empresas. Un trabajador que puede conciliar es más productivo. Si además se siente feliz y valorado en su compañía, es menos probable que se sienta tentado por otra que solo le ofrece un salario mayor. Y si todo esto mejora su salud física y sobre todo psicológica, el absentismo laboral es mucho menor.

Para que tanto empresas como trabajadores se aprovechen de estas indudables ventajas existen diversas formas de salario emocional.

Ejemplos de salario emocional

  • Reconocimiento personal y profesional. Reconocer el trabajo bien hecho no tiene coste económico alguno pero supone para el empleado una inyección de motivación, autoestima y ganas de trabajar. Por tanto, elogiar los logros de las personas que con nosotros trabajan es fundamental para fortalecer sus vínculos y compromiso con la empresa.
  • Con una buena organización y planificación, flexibilizar los horarios puede ser una medida fundamental para facilitar la vida de los trabajadores, aumentar su satisfacción y felicidad y consecuentemente su productividad. Más allá de las necesidades u obligaciones familiares, cada persona tiene un biorritmo diferente y por tanto, su rendimiento es mayor o menor dependiendo de las horas a las que trabaje. Así, siempre que sea posible, ofrecer esta flexibilidad incrementará el rendimiento de cada hora trabajada.
  • Las nuevas herramientas informáticas permiten trabajar en lugares diferentes a la oficina. Una posibilidad que también puede ayudar a conciliar vida personal y laboral, ya que no solo se reduce el tiempo de traslado del hogar al lugar de trabajo sino que se reducen los costes del transporte.
  • Jornada reducida. Ofrecer la posibilidad de reducir las horas trabajadas durante un tiempo determinado, ya sea por maternidad o paternidad o por otras necesidades personales y familiares, es otra manera de retener talento e incrementar el compromiso y vinculación con la empresa.
  • Cursos de capacitación o formación. Con ellos los empleados se sienten apoyados por la empresa en sus aspiraciones de desarrollo profesional. Con esta forma de salario emocional no solo los trabajadores mejoran su formación y posibilidades de promoción, sino que la empresa reduce los costos y necesidades de buscar nuevos talentos y de formarlos.
  • Plan de carrera. Con esta herramienta la empresa ofrece a sus empleados una visión de cómo puede ser su promoción o hasta dónde pueden llegar si se forman, trabajan y comprometen con la organización. Se trata de retener el talento y abrirle la oportunidad de crecer en la compañía, alcanzando cargos de mayor responsabilidad.
  • Beneficios sociales. Planes de jubilación, seguros, becas de educación para los hijos, asesorías legales, financieras o psicológicas o ayudas al transporte o la alimentación son beneficios sociales que redundan en la satisfacción y la productividad de los trabajadores.
  • El coach detecta las oportunidades de mejora en la empresa, fortalece lo que se hace bien y anima a la participación e interacción de empleados y sus superiores, generando comunicación y reforzando los vínculos y el compromiso de todos aquellos que trabajan en la organización, independientemente de su cargo.
  • Premio al trabajo bien hecho. El reconocimiento a los logros no tiene porqué ser económico. Más allá de las bonificaciones por objetivos cumplidos, incrementar los beneficios sociales, de los que hemos hablado anteriormente, puede convertirse en el mejor regalo con el que premiar un trabajo bien hecho.
  • Espacios para el ocio. Contar con un espacio en la oficina, en el que los trabajadores puedan relajarse, relacionarse y desconectar, aunque solo sea por unos minutos, incrementa el bienestar de todos los que allí trabajan y es un acicate para retomar sus ocupaciones con fuerzas y ánimos renovados.
  • Ayudas a una vida sana. Un pequeño gimnasio donde entrenar, hacer yoga o simplemente relajarse echando una partida de ping pong o dándole unos puñetazos a un saco, no solo incrementa la felicidad de los trabajadores sino que contribuye decisivamente al mantenimiento de la salud física y mental y con ello a la reducción del absentismo laboral.
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