El estado de emergencia y los confinamientos y restricciones decretados para luchar contra el COVID-19 han cambiado nuestra forma de trabajar y nuestra manera de relacionarnos con nuestros jefes, nuestros compañeros y hasta nuestra propia familia. En tan solo unos meses empresas y empleados se han reinventado, a marchas forzadas, para adaptarse a un teletrabajo que hasta ahora era muy minoritario. Si algo positivo podemos sacar de esta trágica pandemia, es que, el día que podamos dejar de hablar de ella, habremos aprendido y evolucionado a nivel tecnológico y organizativo y se habrá generado confianza en esta nueva forma de trabajar, ligada a la tecnología, pero también compañera necesaria de una conciliación real y eficaz.

El COVID-19 nos ha obligado a teletrabajar en casa, junto con nuestras parejas y con unos hijos que también estaban dando clases a distancia y que, cuando apagaban el ordenador, requerían nuestra constante atención. Si a todo ello sumamos el cuidado de familiares mayores y las habituales responsabilidades domésticas, nos encontramos con un entorno laboral que solo ha podido ser productivo gracias a las nuevas tecnologías y a las medidas de flexibilización de horarios y jornadas.

Empresas más humanas

Si algo ha dejado claro la pandemia es que, si las empresas quieren crecer y cumplir sus objetivos, deben ser mucho más humanas y pensar en el bienestar de sus trabajadores. Los directivos han entendido que sin sus empleados no hay negocio que sobreviva y que, por tanto, deben propiciar un entorno de trabajo seguro, saludable, que facilite la formación y el crecimiento personal y profesional y que garantice la posibilidad de conciliar vida laboral y familiar.

En esta nueva realidad, se ha visualizado con claridad que la productividad de cualquier empresa está directamente relacionada con la calidad de sus trabajadores y que, para contar con los mejores, las compañías no solo deben ser atractivas para los futuros empleados, sino que han de centrar sus esfuerzos en fidelizarlos. Una empresa que cuida a sus trabajadores se beneficia de su compromiso, satisfacción, fidelidad y capacidad de trabajo.

Según un estudio de Randstad Employer Brand Research, el 55% de los profesionales españoles creen que la posibilidad de conciliar su empleo con su vida personal es un factor clave a la hora de aceptar una oferta laboral.

Si bien es cierto que las empresas han dado un paso de gigante al admitir el teletrabajo como una forma alternativa e igualmente productiva de trabajar, todavía queda mucho camino por recorrer para conseguir una conciliación real. No se trata solo de facilitar esa compatibilización entre la vida laboral y familiar, sino de algo todavía más básico y alarmante: no penalizarla. El miedo a “caer en desgracia” ante los jefes lleva, especialmente a las mujeres, a no acogerse a medidas especiales de ayuda a la conciliación, acrecentándose la desigualdad de género en el mundo laboral.

Compromiso con la corresponsabilidad

Por todo ello, es fundamental implementar medidas que favorezcan la corresponsabilidad real de esas obligaciones familiares y domesticas entre empleados y empleadas. Unas medidas que hagan posible que hombres y mujeres puedan desarrollarse profesionalmente y se sientan realizados en su trabajo, sin que por ello se resientan sus obligaciones familiares o su productividad.

Aunque todavía queda mucho camino por recorrer, ya son muchas las empresas que ofrecen a todos sus empleados medidas de fomento a la conciliación como la jornada intensiva (especialmente para favorecer el cuidado de los hijos); el teletrabajo; la flexibilidad horaria; la reducción de jornada; comedores y guarderías de empresa y otros beneficios como los “cheques guardería” o los seguros sanitarios.

La conciliación, clave para la mejora continua de las organizaciones

Un trabajador valorado, escuchado y al que se le dan soluciones para que pueda cumplir con sus obligaciones familiares y laborales, es un trabajador mucho más productivo. Por ello, apostar por la conciliación no es solo conceder un beneficio a los empleados sino garantizar la buena marcha de nuestro negocio. Diferentes estudios de reputados expertos en la materia ponen negro sobre blanco estos beneficios:

  • Las empresas que concilian son un 3% más rentables.
  • Reputación de marca. Casi un 70 % de los trabajadores buscan organizaciones que promuevan la conciliación.
  • Alta valoración del salario emocional. Las medidas de conciliación son valoradas entre un 4 y un 7% del salario bruto extra.
  • Mayor compromiso. El absentismo laboral desciende en un 76% en las empresas que concilian, mientras que la satisfacción del cliente se incrementa en más de un 12% y la productividad sube un 18%.
  • Perfiles más jóvenes y cualificados. El 74% de los millennials buscan empresas que les permitan conciliación total.

En el contexto de la pandemia, pero también con la vista puesta en un futuro laboral y empresarial próspero, se hace necesario un compromiso de todos los sectores con la flexibilidad y todas aquellas medidas que fomenten la conciliación y la corresponsabilidad entre trabajadores y trabajadoras. El COVID-19 ha forzado un cambio que ha afectado a las personas, pero también a las empresas. Un cambio de cultura laboral que se aleja cada vez más del presentismo y apuesta por la cultura de objetivos.

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