La pérdida de  productividad, causada por los trastornos por depresión y ansiedad, cuesta a la economía mundial un billón de dólares (823.486.000.000 euros). Así lo recoge un reciente estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que también advierte que un entorno de trabajo adverso no solo ocasiona problemas físicos y psíquicos, sino también un consumo nocivo de sustancias psicotrópicas y alcohol y en consecuencia, más absentismo laboral. A todo esto, en 2021 tenemos que sumar la angustia e incertidumbre asociadas a la pandemia, que está afectando al bienestar mental tanto de directivos como de empleados. El teletrabajo, además, puede ser un factor de estrés añadido, pues incluye mayores cargas de trabajo, debido a la reducción de personal, el no poder interactuar con colegas en persona y el desafío de cuidar a niños o ancianos durante la jornada laboral.
Por todo ello, es más importante que nunca centrar todos nuestros esfuerzos en crear un entorno laboral que genere el mayor bienestar posible en el lugar de trabajo, para paliar la sensación de pérdida de control, ansiedad y estrés generada por el Covid-19. En este sentido, las Recursos Humanos tienen la oportunidad y la responsabilidad de implementar programas dirigidos a incrementar el bienestar físico y mental de los empleados.
Pautas para crear un entorno de trabajo saludable
Para conseguir un lugar de trabajo saludable es necesario contar con el compromiso tanto de trabajadores como de directivos, pues todos deben contribuir activamente en la mejora del lugar donde trabajan, promoviendo la salud, la seguridad y el bienestar de todos los empleados. Partiendo de esta base, el Foro Económico Mundial destaca las medias que deberían adoptar todas las organizaciones:
  • Aplicar y hacer cumplir las políticas y prácticas de seguridad y protección de la salud, que permitan detectar el estés patológico, las enfermedades y el consumo nocivo de sustancias psicoactivas, así como facilitar recursos para ello.
  • Informar a los trabajadores de que pueden pedir ayuda.
  • Promover la participación del personal en las decisiones, transmitir una sensación de control y de participación e implantar prácticas en la organización, que promuevan un equilibrio saludable entre la vida laboral y  la personal.
  • Ofrecer a los empleados programas de desarrollo profesional.
  • Reconocer y compensar la contribución del personal.
Si como hemos dicho, todos los integrantes de una empresa deberían implicarse en conseguir una buena salud mental en su entorno laboral, sin duda, los directivos o puestos superiores deben asumir un  mayor compromiso y pasar de la teoría a la práctica.
Acciones a implementar por parte de los gerentes 
  • Los jefes, directivos o cargos superiores deben promover conversaciones sobre el bienestar de los empleados y escuchar activamente a un personal que en este momento está sufriendo mayores dificultades para afrontar las nuevas fuentes de frustración y estrés generadas por la pandemia.
  • Los líderes deben ser empáticos, para así ganarse la confianza y poder persuadir a sus empleados de que se comuniquen y compartan sus experiencias, para conocer los problemas que les afectan y encontrar posibles soluciones.
  • Los gerentes deberían animarse a compartir sus propias vivencias, sin miedo a parecer vulnerables, pues es la mejor manera de que sus trabajadores sientan su apoyo y empatía y se animen a abrirse.
  • Se debe tener especial cuidado con los empleados más competentes y comprometidos, pues tienden a esforzarse, más allá incluso de sus capacidades, sobrecargándose de trabajo y responsabilidad y siendo así mucho más vulnerables al estrés.
  • Promover una comunicación eficaz. Si ésta es una práctica clave en cualquier empresa, lo es en mayor medida si los empleados teletrabajan y no se encuentran físicamente juntos. Por tanto, se debería aumentar la frecuencia de las conversaciones, ya sea de uno en uno o en grupos. Se debería preguntar a cada empleado cómo se siente, al menos una vez por semana. Y fundamental, escuche con atención.
  • Las llamadas grupales también deberían ser un arma efectiva contra la inseguridad laboral que generan los despidos de familiares, amigos o colegas. Promover una comunicación de unos 15 minutos, una vez por semana, en la que todos los miembros del equipo puedan conversar, verse sonreír o trazar estrategias, es una de las mejores terapias en épocas de tanta inestabilidad laboral.
  • En un momento en que la carga laboral es cada vez mayor, debido a los recortes de personal, es fundamental aliviar la carga de trabajo. Una forma de liberar parte de la presión es contratar profesionales temporales que ayuden en las áreas que más lo demanden. También se puede dar una mayor flexibilidad, permitiendo a los trabajadores que dividan su jornada en pequeñas “ventanas”, que que se alternen con momentos de relajación. Alentar al personal a tomarse el tiempo libre que se han ganado puede ser el mejor remedio para el estrés y el agotamiento.
En resumen, las intervenciones en materia de salud mental deben estar integradas en una estrategia de salud y bienestar que abarque la prevención, la detección temprana, el apoyo y la reincorporación o readaptación al lugar de trabajo. Y para que estas mediadas tengan éxito hay que conseguir implicar a todas las partes interesadas y al personal de todos los niveles de la organización.
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