¿Te sientes desbordado, sobrecargado, poco valorado en tu trabajo? Si es así, presta mucha atención a este post, pues podrías ser víctima del conocido como Burnout o síndrome del trabajador quemado. La segunda pregunta a la que deberías responder, para descartar o confirmar esta patología, es: ¿te sientes así esporádicamente o la mayor parte del tiempo? Si te ves reflejado en el segundo de los casos, es posible que lo que estás sufriendo vaya más allá del estrés propio de un trabajo exigente o de la necesidad de compaginar la vida familiar y laboral. Para ayudarte a reconocerlo, lo primero que vamos a hacer es diferenciar el estrés del Burnout.

Diferencias entre el estrés y el Burnout

– El estrés generalmente se produce cuando tenemos muchas presiones laborales, familiares o ambas, que te exigen demasiado física y psicológicamente. Pero en este caso, el mero hecho de imaginar que con llegar a controlar esta situación te hace sentir mucho mejor.

Por el contrario, en el Burnout esa posibilidad de control no es suficiente. Te sientes vacío, sin motivación, sin capacidad de solucionar el problema y sin ningún tipo de esperanza de que la situación pude cambiar en positivo.

– El estrés hace que tus emociones estén a flor de piel, genera urgencia e hiperactividad. El Burnout se traduce en emociones aplanadas, impotencia, desesperanza, pérdida de motivación e ideales.

– El estrés conduce a trastornos de ansiedad y el daño primario es físico (puede causar enfermedades cardiovasculares e incluso la muerte), mientras que el Burnout conduce a la depresión y el daño primario es emocional (la vida deja de tener sentido y se siente que no vale la pena).

Causas del síndrome del trabajador quemado

  • Causas laborales como no controlar tu trabajo, no sentirse reconocido o recompensado, no tener expectativas de trabajo claras o que éstas sean demasiado exigentes, la monotonía, el ambiente caótico o la presión excesiva.
  • Estilo de vida. El trabajo no te deja tiempo para socializar o relajarte. No sientes el apoyo de las personas que te rodean. No duermes suficiente y no haces ejercicio ni comes equilibradamente.
  • La personalidad. Las personas perfeccionistas, pesimistas o demasiado controladoras e incapaces de delegar son las que tienen más papeletas de sufrir esta patología.

Si encajas en estos parámetros y además te sientes fracasado, impotente, derrotado, sin motivación ni ilusión por nada, evitas responsabilidades, te aíslas de los demás, no cumples con tu horario o si estás recurriendo a la comida, el alcohol o las drogas ¡no desesperes! porque se puede salir de esta situación.

Cómo superar el Burnout

  • Cambia el “chip”. Es fundamental que intentes valorar lo que haces. Pon el punto de mira en lo que más te gusta de tu jornada laboral. Y si no encuentras nada, céntrate en la parte más satisfactoria de tu vida familiar, de tus relaciones o de tus aficiones. En definitiva, concéntrate en todo aquello que te da alegría y podrás relativizar todo aquello que te disgusta en tu jornada laboral.
  • Objetivos diarios. “El que mucho abarca poco aprieta” o lo que es lo mismo, si tienes una lista infinita de problemas que resolver cada día, lo más probable es que acabes sin solucionar ninguno. Es mucho mejor que cada día planees tres o cuatro objetivos a cumplir y te centres en ellos.
  • Cambia el no puedo por el cómo puedo. Destierra la palabra “no” de tu diccionario. Olvida el decir “no puedo solucionar esto” y plantéate “¿cómo puedo resolver esto?”.
  • Tiempo libre sí o sí. No es una opción es una obligación. Cada cierto tiempo es vital cogerse unas vacaciones para recargar energías, reducir el estrés y recuperar la ilusión y la motivación.
  • Busca apoyo en los demás. Las relaciones personales son la mejor medicina para nuestro sistema nervioso. Hablar cara a cara con alguien que sepa escucharte (aunque no tenga la solución a tu problema) calmará tus miedos y tus nervios y reducirá drásticamente el estrés. Tu interlocutor pude ser un amigo, un familiar e incluso un compañero de trabajo.
  • Vida sana. Reducir los azúcares, las grasas saturadas y trans, los carbohidratos refinados, la cafeína, la nicotina y el alcohol es clave para que tu cuerpo se sienta bien y se cumpla la cita latina “mens sana in corpore sano”. Por el contrario, deberías incrementar el consumo de frutas y verduras, carnes magras, pescados y todo aquello que te proporciona ácidos grasos omega-3 como el salmón, el arenque, la caballa, las sardinas, algas, semillas, frutos secos… El ejercicio físico tampoco es negociable. Si no te gusta el deporte, al menos anda una hora u hora y media tres o cuatro veces por semana.
  • Nuevas aficiones. Encontrar una afición o pasatiempo, que sirva para desfogarte, te ayudará a cargar las pilas y afrontar el trabajo con mucha más fuerza y positivismo. En este sentido, las técnicas de relajación como el yoga, la meditación o la manera de respirar profundamente son un antídoto contra el estrés y los pensamientos negativos.
  • Duerme lo suficiente. Ir robando horas a tu sueño poco a poco puede llevarte al agotamiento y a problemas físicos y psíquicos y hacer que ni tan solo puedas pensar racionalmente. Una mente y cuerpo descansado está mucho más preparado para afrontar situaciones de estrés.
  • Cambia de empleo. Si todo esto no surte efecto, plantéate si no será la empresa para la que trabajas la causante del Burnout. Si crees que es así, tal vez, es el momento de ser valiente y apostar por un cambio que te devuelva la ilusión, la motivación y la sonrisa.

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